No lo sabremos nunca, pero lo que nos empujó a cambiar un plan premeditado por otro que surgió espontáneamente, tuvo algo que ver con la teoría que dice que algo tenía que cambiar para que todo continuase como estaba.
--¿Nos vamos a la “velá” de Santana? –preguntó mi marido mientras se abrochaba el cinturón de seguridad
--¿Y por qué no a la de Sotiel? –Contesté con la misma espontaneidad sin pensar lo que vendría después.
--¡No eres capaz!
--Sí que lo soy, pero…
--Pero nada, en una hora estamos allí, solo hay que cambiar de carril y enfilar la salida hacia Huelva.
--Pero son las diez de la noche, cuando lleguemos serán más de las once, y es domingo, lo más natural será que hoy la fiesta termine antes porque la gente se recogeré temprano.
--¡No hagas cábalas innecesarias! ¿Nos vamos o no? –Aún estábamos a tiempo de cambiar todos los planes.
--¡Venga, vámonos! –Cuando contesté decidida, ya el coche enfilaba la salida a la autovía por la población de Gines. No había marcha atrás.
Habíamos salido con intención de ir al cine. En el interior del patio de la Diputación dan una sesión de cine todas las noches de verano y es agradable estar al fresco mientras ves una película, cenas algo o tomas unas cervezas. El cambio de planes surgió como un juego en el que creímos que ninguno de los dos entraría. Y así enfilamos la vía que iba casi solitaria mientras el sentido contrario bajaba cuajada de luces de los coches procedentes de las playas de de Huelva. La carretera era una serpiente llena de ojos encendidos.
--Cuando nos vean llegar van a pensar que estamos locos.
--Y tendrán razón si lo piensan. Estas cosas las hacen la gente con veinte o treinta años.
--No te creas eso. Estas cosas las hacen gente que no quiere vivir encuadrados en un molde.
--Pues hace tiempo que llevamos la marca del molde, porque ya no solemos hacer locuras ni como estas ni parecidas.
--¿Sigues pensando que es una locura irnos así al pueblo?
--No, no, de verdad… vamos, seguro que es divertido.
--¿Llevas las llaves de la casa? Por si nos apetece quedarnos…
No llevaba la llave de la casa porque no habíamos pensado ir hasta allí, pero recordé que siempre le dejábamos una copia a la vecina. De vez en cuando miraba a mi marido, su perfil concentrado en la conducción, y no dejaba de considerar aquello con su parte de riesgo. Salíamos a menudo, viajábamos, pero después de haber decidido qué hacer en cada ocasión y una vez que estaba todo planeado. Pero salir así sin premeditar el lugar y a una cierta distancia, de noche, sin avisar a nadie de nuestras intenciones, no dejaba de tener al menos un una cierta dosis de imprudencia.
Yo lo observaba de reojo mientras conducía, y le veía sonreír sin despegar los labios. Pensé que imaginaba lo que dirían los amigos y vecinos cuando nos vieran llegar y eso le causaba aquella ligera emoción seguro del desconcierto que estaba a punto de causar.
Llegamos pasadas las once y ni la noche ni la verbena habían comenzado aun. El lugar destinado para la fiesta estaba iluminado pero desierto. La pista de baile era un cuadrilátero enlosado y estaba recién regado, y el vaho que se desprendía de la unión del agua y el calor acumulado en el cemento subía hasta los techos de la memoria recordando efluvios que existieron y nunca se olvidaron por completo.
fin del PRIMER CAPÍTULO.
el amor es el único y último recurso que nos queda para salir ilesas de la vida
EL AMOR ES EL ÚNICO Y ULTIMO RECURSO QUE NOS QUEDA PARA SALIR ILESOS DE LA VIDA
En mi casa había un libro. A decir verdad, había tres
Hay versos que se escriben cuando se han acabado las palabras.
lunes, 29 de noviembre de 2010
domingo, 28 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
UN DÍA DE LLUVIA

…Y llueve.
Con un cántico hermoso que la memoria ya ni recordaba, insistente y tenaz cae la lluvia ávida de tierras y pantanos, de verdores espesos, de caudales rabiosos, llueve…
…Llueve, pero no como en los viejos tiempos en que las estaciones eran cuatro y ninguna escatimaba su eficacia y cumplía a rajatabla su tiempo de trabajo y su hora holgazana. Llueve…
…Con imperiosa fuerza la tormenta me tiene acorralada, parapetada detrás de los cristales, y después, con suavidad de caricia embaucadora disminuye el torrente de su ira y llueve mansamente, y conmueve, hasta que al fin sus fuerzas se vienen agotadas sobre mí y sus gotas son como caricias suaves resbalando por los costados de la desgana, activando su carga y poniendo en marcha el engranaje de la felicidad. Todo está listo para comenzar de nuevo.
Y ya no llueve. Fue como una lluvia pasajera que permitió que se calmara el miedo, que descansara el alma y se aplacaran los latidos furiosos que golpeaban con fuerza el pecho, que, como un oleaje de mar embravecido, salpicaba el alma de sudores extraños.
Tuvo una vida breve la lluvia esta mañana. Cuando se fue pudimos ver los desastres causados por la tormenta; ahora solo queda hacerse cargo de los daños, reparar las paredes destrozadas y reforzar los tabiques del corazón por si a la lluvia le da por golpear de nuevo.
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domingo, 21 de noviembre de 2010
estos niños tambien existen
jueves, 18 de noviembre de 2010
EL PERRO
--Vamos Sultán, vamos que te duermes…
A duras penas consigo que se ponga sobre sus cuatro patas y me siga. Nos soportamos. Nos compenetramos. Si no fuese por él yo no saldría. Y al revés, si no fuese porque yo sacudo su pereza se quedaría todo el día tirado sacudiendo el aire con el rabo. Como yo, ha comenzado a estar viejo y ha dejado de ser juguetón. Creo que tiene rarezas típicas de la edad avanzada y está impertinente como muchos ancianos. A veces se lo digo y creo que me entiende. Ya de vuelta a casa tiraba de mí y de la correa como si tuviese urgencia por llegar, como si algo inefable le esperara al llegar a casa.
Inesperadamente dio un tirón y la correa se soltó de mi mano desprevenida. Corrió enloquecido hacia adelante. Tal vez no quería hacer nada, sólo llegar, pero para la niña que venía de frente cogida de la mano de su padre, aquél animal corriendo extraviado --perturbado parecía--, por la acera, significaba el más feroz de los animales imaginado en sus infantiles selvas.
Sucedió todo con tanta rapidez que apenas pude darme cuenta de nada. Sólo después de un tiempo que a mí me pareció interminable, cuando llegaba a la altura de los dos y pude verles el miedo en la cara, llegué a sentirlo como si fuese mío.
En los ojos despavoridos de la niña brillaban aun los ojos enrojecidos de Sultán y sus dientes afilados asomando a su boca como un aullido en forma de puñal. La niña ahogaba un grito sin sonido, mientras su padre, en un gesto desesperado la cogía en volandas levantándola del suelo y encerrándola entre sus brazos. El perro siguió corriendo calle adelante ajeno a todo lo que había provocado.
No supe qué decirles. Miraba la ira en los ojos del hombre, el miedo en la niña aferrada al cuello del padre y supe que cualquier cosa que dijera carecería de importancia. Comprendí que el hombre me entendía cuando sintió mi silencio y me vio seguir calle abajo detrás del perro.
Cuando llegué ya él estaba allí, jadeando en la puerta de la casa esperando mi llegada. Las cuatro pezuñas clavadas en el suelo, arrogante, babeando, la lengua colgando de la boca, mirándome descarado y satisfecho de la proeza que había realizado. Inquisidor y desafiante parecía estar diciéndome “¿ves como no estoy viejo? Te gano a las carreras mientras que tú ya no puedes con tu alma.”
Le di la razón mientras lo odiaba con todas mis fuerzas. Se dio cuenta y desde entonces cada día repite un momento sublime como aquél. La última solución será devolverlo a la perrera.
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lunes, 15 de noviembre de 2010
AY AMOR, AY AMOR...

¡Ay amor, ay amor!... si supieras lo que voy a hacer, lo que estoy a punto de hacer lo entenderías. Creo que sí, si lo sabemos los dos, si ya lo sabes por cómo me miras, por como sé que me descubres cuando te estoy mirando, por esa súplica callada que veo en tu tristeza, por esa mirada apenada y llena de rabia que veo en tus ojos cuando te acerco la cuchara a la boca, cuando te sostengo para mudarte de lugar o cambiarte la ropa, cuando te vuelco sobre la cama, porque no puedo hacer otra cosa, cuando te cambio los pañales mientras sigues sonrojándote, una y otra vez te sonrojas como si después de cincuenta años casados y tres hijos, que yo pueda verte en ciertas actitudes pudiera ser algo inadecuado…y sigue dándote vergüenza. Nunca hemos necesitado decirnos mucho para entendernos.
¡Ay amor, ay amor…! No sé cómo hacerlo pero sé que lo que haga será un sufrimiento que padeceremos los dos. Los dos. Yo más que tú, yo más que tú, no sé…no sé cómo lo haré, Dios mío… Nadie lo entenderá, o sí, posiblemente alguien entienda lo que hago, pero es lo que menos me importa ahora, pensar en lo que pensarán los demás de mí. Dirán que soy un monstruo, alguien sin entrañas ni corazón… ¡Ay, si supieran…!
Bueno, manos a la obra. Seré esa alimaña que he de ser porque solo una alimaña podrá hacerlo… Aunque me pongo en el lugar de los demás y nadie podrá superar mi dolor.
Me puse a hacer todo lo que tenía planeado. Porque estas cosas requieren de una preparación. Más que unos utensilios, es necesario un pensamiento frío, una decisión firme. Me puse a hacerlo por tercera vez y me detuve de nuevo. Vuelta atrás y un sudor frío corriéndome por la espalda. Si me tomara un poco de alcohol, un poco de vino sería suficiente… No sé cómo lo haré, pero tengo que hacerlo hoy. Sobre todo que el pensamiento sea firme, que la decisión sea tan robusta que no pueda echarse atrás. Que la mente no dude. Sé que ella me ayudará, pero por mucho que lo intente no podrá poner la fuerza, sólo la intención. Y no sé si con eso será suficiente.
Ayúdame, María, ayúdame, mujer… ya sé que no puedes contestarme ni hacerlo, pero ya sabes que solo, sin tu ayuda no podré. Mírame al menos, dime que sigues con la misma idea, que no has cambiado, María, que esto es muy serio. Tengo que estar seguro y decidido, firmemente decidido, después me toca a mí y no sé si me quedaran fuerzas…

Me gustaría leer mañana los periódicos. Pero como sé que no podrá ser me imagino los titulares. Pero bueno, también son ganas las mías de andar pensando en eso. Mañana, como si a mí pudiera importarme lo que pasará mañana ni lo que digan los periódicos ni lo que diga nadie. Pero sí me gustaría saber lo que dirán nuestros hijos, ver sus caras, qué expresiones pondrán en sus caras, sus miradas atónitas, incrédulas… no serán capaces de creerlo cuando les den la noticia, cuando tengan que venir a certificarlo todo… ¿Te imaginas, María? Tres hijos que hemos parido y criado con tantos sacrificios… bueno, para qué pensarlo…Ya no hay vuelta atrás. Solo cuenta atrás. Y cada vez me cuesta más trabajo comenzarla.
Contemos hacia atrás, María, hagamos el camino a la inversa, recordemos los mejores días de nuestra vida… Yo le iba diciendo lo que tenía que hacer pero no era necesario porque ella conocía los movimientos, me ayudaba, los iniciaba incluso cuando me veía dudar. Con la debilidad de sus manos y la escasa fuerza de sus brazos empujaba mis manos hacia dentro haciendo presión sobre la almohada. Cerraba los ojos, yo también los cerraba, quería que todo pasara cuanto antes, sin darnos cuenta, pero era más difícil de lo que habíamos pensado y no teníamos fuerzas, yo flaqueaba, y cuando ella se daba cuenta hacía un movimiento y apretaba con sus manos hacia dentro para recordarme lo que estaba pendiente y para que yo no alargara más aquél momento.
Y yo pensaba en mí, quién me ayudará después a mí, cómo voy a hundirme la cara en la almohada, o a tener valor para clavarme el cuchillo o tirarme desde la terraza?
Y a pesar de todo lo que más me duele ¿sabes qué es? que mañana estaremos en las estadísticas, que serás una víctima más de machismo que nunca había puesto una queja ante las autoridades y yo un sucio marido desalmado, cobarde, que ni siquiera ha sido capaz de rematar la faena después de comenzada. Porque no seré capaz, María, te lo juro, ¿cómo voy a serlo si no he matado una mosca en mi vida?
¿Qué será de mí mañana, María, qué será de mí? Tú dejarás de sufrir, descansarás, y yo.., me meterán en la cárcel si me quedo vivo después de lo que intente? Porque algo intentaré, no sé si remataré la faena, pero creo que no lo lograré. Soy un cobarde, siempre lo he sido, siempre has sido tú quien ha llevado la voz cantante, quien ha puesto los puntos en las íes, quien ha educado a los niños… y quien los ha disculpado también, porque mira, mira como estamos, solos, abandonados, enfermos, tú impedida, yo muerto de miedo, y tres hijos por ahí que llaman de vez en cuando para saber cómo estamos.
Cómo estamos. ¿Cómo estás, María? Inmóvil en una cama, sin voz y casi ciega. ¿Y yo? Yo estoy bien, gracias. Ochenta y cuatro años, pero quién lo diría, ¿verdad? bien, bien. Por eso nuestros hijos confían en que sepamos arreglárnoslas solos.
Dijeron los de la asistencia social que la semana que viene nos llevarían a una residencia, dijeron hace más de dos meses, y no podemos más, no te quejas porque no puedes hablar, pero sé cómo lloras, cómo me miras, como me suplicas con la mirada. ¿Me oyes, María? No me entretengo más, ya voy, ya voy…
Ya voy María, ya voy. A rastras, pero voy… si tu pudieras ver cómo me siento… No importa que no me veas, lo sabes, lo sabes mejor que yo. Lo que no sabes es que va a ser de mí a partir de mañana, cuando me quede solo y solo sea un criminal confeso.
¡Ay María, ay mi María…!
sábado, 6 de noviembre de 2010
SOLO TU BOCA

Se han movido los cimientos de la tierra, los ríos se han partido en cientos de afluentes y han corrido buscando vertientes efímeras y lejanas y se han tragado el fuego los volcanes y han eructado espumas las gaviotas. Se han perdido cosechas importantes, han quedado expuestas las miserias de las minas, la noche se ha precipitado sobre el mundo y las montañas de rocas han escupido piedras. Todo ha quedado reducido a escombros.
Solo tu boca se salvó de la barbarie.
Corrimos despavoridos como locos buscando la salida. Las puertas se cerraron, la gente se pisaba enloquecida, los más malos juraban por sus muertos, meteoros salvajes, flechas envenenadas, idearios destrozados bajo bancos de cenizas, luciérnagas sin luces y flautas sin sonido, caracolas sin brisa, palabras como gritos, semáforos groseros y rayas amarillas. Escombros, más escombros y montones de muertos. Estiletes en las uñas y miedo en el asfalto. El mundo es un problema sin solución alguna. Las estatuas destrozan sus peanas, el caballo monta a su jinete y el cielo se pone boca abajo y escupe sobre el mundo y nos ensucia. Y cuando preguntamos nos responde con monedas manchadas. Y quien sabe la respuesta se la calla, quien no la sabe miente y habla, pero nada se ha salvado de la ruina. La tierra es un lugar inhabitable y hueco.
Todo ha quedado reducido a tu boca.
Solo tu boca me salvó de la barbarie
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