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Se acurrucaba el bosque
encantador de silencios y de hormigas
y el río se deslizaba por corrientes
de ida sin retorno posible hacia la vida,
y el aire se enredaba en un infatigable
juego de arrítmicos acordes.
Aquella era la paz tantas veces soñada
idealizada en todos sus extremos, ajena a las miradas,
quimérica, ficticia, inescrutable.
Aquélla era la paz inverosímil de los muertos.
Lo idílico sin falsas apariencias,
bucólico y perfecto sin mieles que empalagan,
lo más grato, apacible y delicado
que pueda disfrutar un alma humana.
Y entre los altos sauces que rozaban el cielo
dos guirnaldas esbeltas sostienen el trapecio
con el que mueves el aire, feliz y alborozada.
En un lugar del tiempo en el que nada existe,
donde la no presencia es solo una vaga sensación de frío,
estábamos las dos mirándonos de frente
sin miedo a los agravios, caladas de rocío,
estrenando en el tiempo las más viejas miradas
por el campo invisible de estos valles amenos.
En este confín de tierra enamorada al que llegaste ayer muerta de miedo
te ruego me reserves un lugar y una silla
sostenida con dos guirnaldas desde el cielo.
Pues yo quiero morir
si es así ese lugar al que vamos de muertos
y si tú estás allí
Y me esperas paseando los sueños por el aire, con los brazos abiertos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Para Ella, en un aniversario de su muerte
el amor es el único y último recurso que nos queda para salir ilesas de la vida
EL AMOR ES EL ÚNICO Y ULTIMO RECURSO QUE NOS QUEDA PARA SALIR ILESOS DE LA VIDA
En mi casa había un libro. A decir verdad, había tres
Hay versos que se escriben cuando se han acabado las palabras.
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martes, 24 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
lunes, 19 de julio de 2010
Creí haber olvidado la irritante canción de las chicharras
y he aquí que las vuelvo a escuchar tronando,
-debe ser un coro- ... Ver más
lamento esquizofrénico el de la triste y chillona
voz de las cigarras que se clavan en la luna del postigo
sentadas a descansar en el umbral del alba.
Se me olvidó que he muerto
que recogí mis restos sin atar y los eché a la espalda.
Debió ser un olvido pasajero.
Se me olvidó olvidar lo que se debe
para que no duela el tiempo del olvido.
Por eso ha vuelto la voz de la chicharra a disonar
y se ha sentado ante mi puerta a despertar
mi sueño de la muerte.
y he aquí que las vuelvo a escuchar tronando,
-debe ser un coro- ... Ver más
lamento esquizofrénico el de la triste y chillona
voz de las cigarras que se clavan en la luna del postigo
sentadas a descansar en el umbral del alba.
Se me olvidó que he muerto
que recogí mis restos sin atar y los eché a la espalda.
Debió ser un olvido pasajero.
Se me olvidó olvidar lo que se debe
para que no duela el tiempo del olvido.
Por eso ha vuelto la voz de la chicharra a disonar
y se ha sentado ante mi puerta a despertar
mi sueño de la muerte.
sábado, 9 de enero de 2010
Las cuentas de la memoria
Me quedan algunas cartas que escribir
y hacer algunas confesiones que retuve por miedo
o avaricia de no dar estando a tiempo.
Puede ser que solicite algún perdón, que espere una disculpa
o que haga alguna que otra aclaración
Para dejar todas mis cuentas claras.
A mí tal vez me tengan que justificar algún olvido,
razonarme los motivos de todos los silencios
o seguir con prudencia silenciando el descuido, la omisión.
Pero todo cuanto deben lo borré de mis libros
Y no queda constancia de la deuda.
Que nadie tenga prisa por devolver los besos,
Por llenar el vacío que se adivina eterno
Por llamar a mi puerta
Y sentarse conmigo a proyectar el tiempo
Y tomarme las manos
Y platicar del día infinitamente lento que se aleja…
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